Diciembre siempre ha sido un mes de gastos: los regalos, la comida especial, las novenas, los viajes y los pequeños antojos que se suman sin darnos cuenta. Pero este año hay una sensación distinta: la plata alcanza menos. No es percepción. Hay razones económicas claras y una de ellas tiene que ver directamente con sectores productivos clave como la minería legal, que históricamente ha sostenido buena parte del presupuesto del país.
El encarecimiento que se siente en cada rincón de la vida diaria
En un país donde todo se mueve gracias al transporte, la energía y los alimentos, cualquier ajuste fiscal termina apareciendo en el mercado, la factura de gasolina o la cuenta del restaurante.
Todo esto hace que diciembre, un mes naturalmente exigente para el bolsillo, se convierta
en uno especialmente difícil.
La minería legal: una pieza clave que hoy está en riesgo
En medio de este panorama, es importante entender cómo se financia el país y por qué algunos sectores hacen una diferencia enorme en el costo de vida. La minería legal, por ejemplo, ha sido uno de los motores fiscales más importantes en la última década. Solo el carbón aportó cerca de 60 billones de pesos en 10 años, recursos equivalentes a financiar más de 311.000 viviendas de interés social o cientos de obras territoriales que benefician a millones de personas. Sin embargo, este sector enfrenta hoy un desafío considerable: la carga tributaria que debe asumir se ha vuelto tan alta en algunos casos llegando al 90% o incluso más de los ingresos cuando los precios están bajos— que amenaza la viabilidad de operaciones legales. Cuando un sector que aporta tanto se frena, el país deja de recibir recursos fundamentales.
Por eso defender la minería legal no es un asunto empresarial, es un asunto social, económico y fiscal. Significa defender ingresos reales para el país que alivianan la necesidad de subir impuestos y permiten financiar servicios públicos, infraestructura y programas sociales sin castigar aún más a las familias.
Comprender por qué la vida es más cara no debería generar miedo, sino claridad. Colombia necesita decisiones que protejan el bolsillo de los ciudadanos, fortalezcan sectores productivos y aseguren ingresos estables para financiar lo esencial. Una Navidad tranquila no depende solo de los regalos o las luces, sino también de una economía estable, reglas claras y sectores capaces de aportar sin ser castigados con cargas inviables.


